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El Cóctel Silencioso: Cuando tomar demasiadas pastillas enferma más que la edad

Hace poco recibí en el consultorio a Don Roberto, de 78 años. Entró apoyado en su hija, arrastrando un poco los pies y con la mirada perdida. Su hija, angustiada, me dijo: "Doctora, mi papá envejeció de golpe en seis meses. Se cae de la nada, duerme todo el día y a veces no sabe dónde está. Creo que es demencia."

Antes de hacer cualquier prueba neurológica, le pedí a la hija que vaciara sobre mi escritorio la bolsa de medicamentos que Don Roberto tomaba a diario. Conté 12 pastillas diferentes: unas recetadas por el cardiólogo hace años, otras por el gastroenterólogo, un par para dormir que le dio un médico general, y dos suplementos que le recomendó un vecino.


Don Roberto no tenía demencia. Don Roberto estaba sufriendo de Polifarmacia.

El peligro de "curar el síntoma" y olvidar el cuerpo

Conforme envejecemos, nuestro cuerpo cambia la forma en que procesa, absorbe y elimina los químicos. El hígado y los riñones ya no filtran a la misma velocidad. Lo que a los 40 años era una dosis normal, a los 75 puede volverse tóxica si se acumula en la sangre.

Cuando un adulto mayor visita a múltiples especialistas que no se comunican entre sí, ocurre un efecto dominó: la pastilla para la presión le causa mareos; para el mareo le recetan otra pastilla que le da náuseas; para las náuseas le dan otra que le causa sueño... y así, terminan atrapados en un laberinto químico que les roba la energía, la estabilidad y la claridad mental.


El mito del "viejazo"

Es vital que dejemos de normalizar el deterioro drástico. Las caídas frecuentes, la confusión repentina o la somnolencia extrema no son "cosas de la edad". En muchos casos, son efectos secundarios o interacciones graves entre medicamentos.


¿Cuál es la solución Geriátrica?

En Geriatría hacemos algo llamado "deprescripción". Nuestro objetivo no es quitar medicamentos esenciales, sino hacer una limpieza estratégica. Evaluamos a la persona como un todo, no solo como un conjunto de órganos aislados. Ajustamos dosis, eliminamos lo que ya no sirve y nos aseguramos de que cada pastilla esté sumando calidad de vida, no restándola.


Después de un mes de ajustar sus tratamientos, Don Roberto regresó a mi consultorio caminando solo y contando chistes.

Si tu ser querido toma múltiples medicamentos, no esperes a que ocurra una caída o un episodio de confusión grave. Trae su pastillero a nuestra clínica; vamos a revisar juntos qué lo está sanando y qué lo está apagando.


 
 
 

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